Venus no quería ir, para Navidad fuimos con mis amigos y dentro de esta democracia pues lo natural era que nos quedáramos con sus amigos, tuve que prometerle que haría lo que él quisiera para que pudiéramos salir de la fiesta de los científicos, e ir con los tangueros.
Sólo lentejuelas mi vestido, zapatos de alto tacón y expectativa. Llegamos después de medianoche ya cuando todos habían brindado, pero el baile seguía. Al ver la pista de baile respiré profundo como si no hubiese tenido aire por todo este tiempo, Pesh y yo nos miramos de una esquina a otra, nos podíamos oler.
A gritos saludaba a las divas, abrazos, besos volados y Pesh. Venus y yo dejamos por un instante el salón para dirigimos al bar, teníamos que conservar el mismo tono, vino tinto, mis tacones, mi mantilla ya descansaba en un sillón, mi espalda descubierta expuesta a las miradas.
Carl me tomó de la mano para llevarme a bailar, con el primer acorde todo de repente tuvo sentido, todo estaba en su lugar, si pudiese pensar en la felicidad, ese instante estaba muy cerca de serlo.
La desventura de las letras se transformaba en mi esperanza, con hambre, con deseo esperaba este instante en el que el tiempo de detiene, en el que finalmente no tengo prisa, en el que no importa nada más que estar ahí presente, momento en el que la pista, la música, mi compañero yo misma cobramos sentido, tenemos una razón.
Podía sentir las miradas de Pesh en mi espalda, insistente, demandante y sin embargo ambos sabíamos que era parte de crear deseo, simplemente era muy pronto, habría que esperar. La expectativa era igual de deliciosa que el estar juntos, disfrutábamos ambas, las provocábamos, insistíamos.
Pesh bailaba con Monique, de vez en cuando abríamos los ojos para buscarnos en la pista, nos encontrábamos, nos mirábamos, a veces volvíamos simplemente a cerrar los ojos tranquilos de sabernos ahí todavía, algunas otras se nos dibujaba una sonrisa.
David tomó el lugar de Carl, mi pecho latente, no había espacio entre él y yo, bailábamos sólo por el placer de hacerlo, con los ojos cerrados, éramos únicamente abrazo. Venus desde la barra me miraba, fumando insistente, conforme de verme bailar, hablaba de bienes raíces con el libanés quien también prefería sólo observar.
Abrí los ojos buscando a Pesh, quien se ponía la chaqueta lo ví caminar despacio hacia la puerta, sentí que se me arrancaba, abandonaba el deseo y a mí. Perdí la concentración y comencé a cometer errores ante las miradas sorprendidas de las demás parejas. Venus vio toda la escena desde la barrera, el libanés insistía en hablar de sus inversiones. Por más que traté de reponerme no pude, me disculpe con mi pareja y corrí al baño, convencida de haber sido ignorada.
Cerré la puerta detrás de mí, mi pecho subía y bajaba con mi respiración, quise gritar maldiciendo, pero mi posición de dama no me lo permitía, no en una casa ajena. Me miré al espejo buscando en mis ojos las respuestas que mi cuerpo necesitaba, me senté, repetía una y mil veces su nombre.
Al salir del baño alcancé a ver la silueta de Pesh en la puerta, una nueva esperanza me envolvió, dirigí mis pasos hacia él, ¿Por qué me has hecho esperar tanto?, me dijo, completamente descubierta, desnuda en mis intensiones, me tomó firme, me disolví en su abrazo, la música sonaba en el fondo, ambos cerramos los ojos, “soy feliz, soy feliz” no podía dejar de pensar, bailábamos entregándonos con cada acorde, su respiración en mi oído, mi mejilla en su mejilla, mi pecho abierto de par en par recibiendo los embates de sus latidos.
Satisfechos llegamos al final de la canción, me besó en los labios, ambos sabíamos que se tenía que ir. Lo seguí con la mirada hasta que ya no lo pude ver. Regresé al salón, Venus seguía su conversación con el libanés. No quise bailar con nadie más.